25 mayo 2026

Las mujeres y el paratránsito en Antananarivo: lo que revela la realidad sobre el terreno

En Antananarivo, capital de Madagascar, los «Taxis Be» —minibuses del transporte informal malgache— y las mototaxis recorren la ciudad a todas horas. Sin embargo, hay una realidad que salta a la vista: las mujeres siguen estando prácticamente ausentes de estos oficios.

A finales de 2025, Ikanto ANDRIANANJAVAO, responsable del proyecto de feminización de los oficios del el paratránsito en África, en la delegación de CODATU en el Océano Índico, llevó a cabo un diagnóstico exploratorio sobre este tema. En él participaron más de 300 personas. La encuesta abarcó 67 cooperativas de Taxi Be, 41 conductores y recaudadores masculinos, 7 mujeres recaudadoras —las únicas identificadas sobre el terreno—, 72 conductores de mototaxi y 120 usuarios de ambos medios de transporte, con paridad entre hombres y mujeres.

Los resultados que aquí se presentan reflejan tendencias observadas sobre el terreno y no datos estadísticos representativos de todo el sector. Sin embargo, lo que nos ha enseñado el terreno va mucho más allá de la simple constatación de una infrarrepresentación de las mujeres.

Una paradoja reveladora

La cifra que lo resume todo: ninguna mujer conductora censada entre los 4 398 conductores de Taxi Be de las 67 cooperativas estudiadas.

Sin embargo, el 85 % de los usuarios encuestados afirma estar dispuesto a subir a un vehículo conducido por una mujer, tanto en los Taxi Be como en los mototaxis. Quienes ya han vivido esta experiencia la valoran de forma positiva o neutra, sin excepción. Por lo tanto, el problema no parece provenir de los pasajeros. Se sitúa más bien en la organización del sector y en sus redes de contratación informales, donde los hombres contratan principalmente a otros hombres.

Otro resultado refuerza esta constatación. Entre los conductores que nunca han trabajado con una mujer, 24 consideran que conducen peor que los hombres. Esta cifra se reduce a 2 entre aquellos que ya han tenido una experiencia directa con una compañera.

La inseguridad: un problema del sector antes que un problema de género

Lo que más destaca de las entrevistas es la convergencia de las respuestas. Los conductores masculinos, las mujeres en activo y los usuarios señalan la seguridad como el principal obstáculo.

En el sector de los mototaxis, la unanimidad es total: los 72 conductores encuestados citan la inseguridad y el acoso como el principal freno a la integración de las mujeres.

Este resultado pone de manifiesto algo importante: la inseguridad no es un pretexto utilizado para excluir a las mujeres. Es una realidad estructural del sector, que las mujeres sufren de forma más intensa: acoso selectivo, agresiones, presión constante. De las 7 mujeres entrevistadas, 5 declaran haber sufrido acoso o discriminación en el ejercicio de su profesión. Las que permanecen aprenden a gestionar los conflictos, a protegerse y a aguantar en un entorno difícil. Una verdadera capacidad de adaptación, que sin embargo no debería ser necesaria para acceder a esta profesión.

A esto se suma otro obstáculo, más discreto: la vergüenza. Varias mujeres mencionan espontáneamente este obstáculo psicosocial, no como una restricción externa, sino como una presión interiorizada que desalienta la entrada en el sector incluso antes de que se plantee la cuestión de la seguridad. «Muchas mujeres quieren hacer este trabajo, pero les da vergüenza», explica una de ellas. El miantsoantso —el hecho de llamar a los pasajeros en voz alta— surge a menudo en las conversaciones. Esta fuerte exposición pública constituye, para muchas, un primer obstáculo.

Una discriminación percibida como sistémica

Entre los usuarios encuestados, el 73 % considera que las mujeres son susceptibles de sufrir discriminación en el sector del paratránsito. Estas percepciones atribuyen dicha discriminación a varias fuentes: clientes, compañeros de trabajo masculinos, cooperativas, la familia y la sociedad. No se identifica a ningún actor concreto, lo que sugiere la percepción de un fenómeno difuso, vinculado al funcionamiento global del sector más que a comportamientos individuales aislados.

Los datos de retención completan esta constatación: la tasa de abandono anual de las cobradoras alcanza el 21 %, frente al 7 % de las mujeres transportistas (propietarias de vehículos). Estas cifras proceden de una muestra exploratoria y no permiten sacar conclusiones definitivas. Sin embargo, sugieren una tendencia: el problema no se refiere solo al acceso a la profesión, sino también a la permanencia en ella.

Taxi Be y mototaxi: dos sectores, dos dinámicas

El diagnóstico revela un contraste importante entre los dos modos de transporte.

En el Taxi Be, organizado en torno a cooperativas antiguas y muy masculinas, la resistencia a la diversidad de género sigue siendo fuerte. Incluso entre los conductores que ya han trabajado con una mujer, 17 de 24 no desean repetir la experiencia. El 44 % de los encuestados considera que la aceptación de las mujeres en las cooperativas es escasa o inexistente.

El mototaxi presenta una dinámica diferente. Su organización, más individual y menos formalizada, deja más margen para las decisiones personales. La mayoría de los conductores, incluidos los más experimentados, se muestran a favor de una mayor presencia de mujeres.

Dato a destacar: a menudo son los conductores con más antigüedad los que se muestran más abiertos.

Las perspectivas que abre el terreno

El diagnóstico no se limita a la constatación. Pone de relieve varias vías concretas.

La primera parece sencilla: facilitar el acceso al permiso de conducir. Una recaudadora de Taxi Be en activo desde 2017 resume claramente la situación: «Si nos apoyaran para obtener un permiso de conducir gratuito, estoy 100 % segura de que habría muchas mujeres dispuestas a trabajar. El problema es que no tienen los medios».

El diagnóstico también plantea una vía más estructural: la modernización del propio sector como palanca de integración. La transición hacia sistemas de transporte más formalizados podría reducir varios de los obstáculos identificados. En un Taxi Be modernizado, la recaudadora ya no tiene que gritar para llamar a los pasajeros. Las cámaras a bordo pueden reducir la exposición al acoso. El contrato formal sustituye al acuerdo verbal. En otras palabras, la modernización podría favorecer la feminización del sector.